Estas últimas semanas nos han conducido a dos evidencias letales. La primera, que tenemos un país destrozado, deshecho por las costuras, sin soberanía básica para defender nuestros intereses, y con unos déficits económicos, amontonados durante años de expolio, desinversiones, estafas e infrafinanciaciones, que han dejado al país desnudo.
Que ERC incumpla por enésima vez sus propias promesas y nos quiera vender gato por liebre, ya no debería extrañar a nadie.
Reconozco que al oír hablar al president Illa sobre el catalán, sufrí una sensación mixta, entre una profunda fatiga y una rabia contenida.
El enorme disparate que gira en torno a las pinturas murales de Sixena es una auténtica metáfora del anticatalanismo más primario y furibundo que late en muchas de las decisiones políticas y judiciales que sufrimos.
Hace años leí una reflexión de Baltasar Porcel que hoy me viene a la memoria.